El Hígado

Lo que necesitas saber sobre este órgano:

 

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 El hígado es el órgano más voluminoso del cuerpo y pertenece al sistema gastrointestinal.
 Está ubicado en el cuadrante superior derecho del abdomen, debajo del diafragma y de las costillas. En el adulto pesa aproximadamente 1,500 gramos, 2% del peso corporal. Es de forma piramidal y está formado por dos lóbulos, siendo el derecho el más grande. Es de consistencia suave, de color rojo pardo.
 El hígado se desarrolla en el feto humano entre la 4a y la 6a semana de gestación y durante la mayor parte de la vida intrauterina se encarga de producir las células de la sangre del bebé.
 Es el único órgano que recibe sangre de dos fuentes: una proviene del estómago y los intestinos cargada de nutrimentos y la otra proviene del corazón con oxígeno.
 En el hígado fluyen 1,450 ml de sangre por minuto, casi la tercera parte del flujo sanguíneo corporal total. En todo momento el hígado contiene el 10% de toda la sangre de nuestro cuerpo.

 

El hígado regula en forma única la fisiología del organismo. Al ingerir alimentos, éstos pasan de la boca al estómago y al intestino, en donde se deshacen en partículas más pequeñas llamadas nutrimentos. El 90% de los nutrimentos llegan directamente al hígado que los distribuye a través de la sangre a las células y órganos del cuerpo.

 

Las células que forman el hígado:

El hígado está constituido por pequeños bloques llamados lobulillos que están a su vez compuestos por columnas de células hepáticas o hepatocitos. Los hepatocitos son las células más abundantes del hígado, ya que conforman el 80% del volumen del órgano. Los lobulillos son de forma hexagonal y están separados entre sí por tejido conectivo y por espacios llamados espacio portal que contienen cada uno un conducto biliar, una rama de la vena porta y otro de la arteria hepática, así como un delgado conducto linfático. En el hígado también hay células endoteliales, linfocitos, células de Kupffer, células estelares y células granulares o “pit”, cada una con funciones diferentes.
Los hepatocitos son células que tienen una vida prolongada, de 7 a 9 meses, y en caso de daño pueden duplicarse rápidamente lo que hace al hígado el órgano con mayor capacidad de regeneración en el adulto. El hígado puede regenerarse y seguir funcionando aunque llegue a perder una parte importante de su masa. Gracias a esta cualidad única, es posible trasplantar un pedazo de hígado de una persona sana a un enfermo y que ambos restablezcan su función hepática al 100% en un lapso de tiempo muy corto (3 meses).

 

 

Circulación Hepática

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Funciones del hígado:

El hígado puede considerarse como la "fábrica química del organismo" ya que lleva a cabo múltiples funciones indispensables para mantenernos vivos, alertas y saludables como:
 Asimilar las substancias nutritivas necesarias para el crecimiento y reparación del organismo como la glucosa, vitaminas, grasas, proteínas y minerales.
 Transformar en energía el azúcar, las grasas y las proteínas.
 Producir proteínas que ayudan a coagular la sangre.
 Producir la bilis que se almacena en la vesícula biliar y favorecer la digestión de las grasas.
 Fabricar enzimas y procesar las grasas ya digeridas.
 Reservar energía como si fuera una batería, almacenando azúcares que se utilizan cuando el organismo los necesita.
 Ayudar a defendernos de los microorganismos que entran a nuestro cuerpo.
 Mantener las reservas de hierro, vitaminas y minerales para tener fuerza.
 Funcionar como un gran filtro y eliminar del organismo todas las toxinas procedentes de las substancias que comemos, respiramos o nos untamos en la piel como medicamentos, drogas, alcohol, nicotina, insecticidas y solventes.

 

 

Enfermedades del hígado:

Hay diferentes tipos de enfermedades hepáticas, sin embargo, independientemente del tipo, prácticamente todas ellas progresan de una forma semejante: inflamación, fibrosis y cirrosis, pudiendo en algunos casos llegar al carcinoma hepatocelular.
Podemos decir que las enfermedades hepáticas son un grupo de trastornos que producen alteraciones en las principales funciones del hígado como la producción de bilis, producción de energía o la coagulación, generando un daño agudo y/o un daño crónico. El daño al hígado puede ser congénito o adquirido.
El hígado puede enfermarse por diversos factores que lo agreden como pueden ser los virus, sustancias químicas, medicamentos, exceso en el consumo de alcohol, obesidad, etc. Una persona puede enfermarse del hígado sin importar su edad, sexo o condición social, sin embrago, el hígado es un órgano muy noble, que continúa trabajando aún teniendo dos terceras partes de su volumen dañadas y en general son pocos los síntomas en etapas tempranas de la enfermedad. Lo anterior podría parecer una ventaja, pero no lo es porque la mayoría de las personas con enfermedades hepáticas no se dan cuenta de que algo está mal hasta que el daño al hígado es avanzado.

 

 

Las causas de las enfermedades hepáticas son muy diversas y van desde alteraciones embriológicas (formación de órganos) metabólicas (alteración en la función celular) infecciosas (daños por virus, bacterias, parásitos) depósito de sustancias tóxicas (exceso de cobre, hierro, grasa) daño tóxico directo a la célula por alcohol, disolventes, fármacos, etc o formación de tumores (benignos o malignos).
La enfermedad hepática más común es la hepatitis o inflamación del hígado que puede tener un gran número de causas. Puede ser aguda o temporal o bien crónica cuando el agente que está agrediendo al hígado se mantiene dañándolo (ver sección de hepatitis).
La consecuencia crónica más importante de las enfermedades hepáticas es la cirrosis que es una enfermedad progresiva y fatal en que la fibrosis del hígado, secundaria a una reacción inflamatoria, lo conduce a graves alteraciones en su función metabólica y de circulación sanguínea. En estado avanzado el daño es irreversible, teniendo una pérdida de sus funciones principales por que las células normales se cambian por tejido fibrótico o cicatricial. La cirrosis hepática es una de las 10 causas más frecuentes de muerte en el mundo occidental.

 

Hay muchas enfermedades del hígado conocidas. Algunas de ellas son:

 Hepatitis A
 Hepatitis B
 Hepatitis C
 Hepatitis E
 Hepatitis autoinmune
 Cirrosis biliar primaria
 Hígado graso
 Cirrosis hepática
 Hemocromatosis
 Enfermedad de Wilson
 Enfermedad o Síndrome de Gilbert

Los principales factores de riesgo para las enfermedades hepáticas son:

 

 Ingerir agua y/o alimentos contaminados.
 Llevar una dieta no balanceada con poca fibra y rica en grasas, sales y azúcares.
 Padecer sobrepeso u obesidad.
 Tener vida sedentaria.
 Abusar en el consumo de bebidas alcohólicas.
 Usar sustancias tóxicas, drogas intravenosas e intranasales (aunque sea una sola vez).
 Auto medicarse.
 Tener sexo no seguro.
 Hacerse tatuajes, perforaciones y acupuntura en condiciones no higiénicas.
 Compartir agujas o artículos personales contaminados.
 Padecer hemofilia.
 Haber tenido transfusiones de sangre o cirugías mayores antes de 1994.

 

Síntomas

Los síntomas de las enfermedades del hígado son muy variables. Los principales, aunque no los únicos, son:
 Ictericia (coloración amarilla de piel y ojos).
 Orina oscura.
 Heces de color claro.
 Sangrados espontáneos.
 Comezón excesiva de la piel.
 Dolor en la región superior derecha del abdomen.
 Fatiga extrema.
 Hinchazón del abdomen y piernas.
 Vómito de sangre.
Hay casos en los que puede no haber síntomas.

Diagnóstico

Si se sospecha una enfermedad del hígado es muy importante consultar a un médico, de preferencia a un hepatólogo, que es un médico gastroenterólogo con especialidad en hígado, para que indique los pasos a seguir entre los que podrían estar:
 Pruebas sanguíneas (biometría hemática).
 Serología en búsqueda de virus de hepatitis (A,B,C).
 Ultrasonido de hígado y vías biliares para observar la forma y estructura del hígado y vesícula
 Pruebas de función hepática (transaminasas, bilirrubinas, albúmina, fosfatasa alcalina, tiempos de coagulación)
  para conocer cómo está funcionando el hígado.
 Endoscopia alta para buscar várices en el esófago en pacientes con cirrosis, cuando se sospecha que el daño del
  hígado está avanzado.
 Biopsia de hígado que se requiere en casos específicos para ver al microscopio el tipo de daño que tiene el
  órgano.

 

Tratamiento

El tratamiento es muy variado y dependerá del tipo específico de la enfermedad. En ciertos casos, con el simple hecho de retirar el factor agresor (medicamento, tóxicos, alcohol) el hígado puede recuperarse íntegramente.
Otras enfermedades requieren medicamentos específicos para tratar infecciones por virus o parásitos.
Cuando la enfermedad se encuentra en una fase muy avanzada, con falla de las funciones del hígado en una etapa terminal, el trasplante hepático es la única opción.