Hepatitis C

¿Qué es la hepatitis C?

Es la inflamación del hígado causada por el virus de la hepatitis C.
La mayoría de las personas que adquieren el virus de la hepatitis C no lo eliminan de su organismo y desarrollan inflamación crónica del hígado que produce fibrosis hepática y con el tiempo lleva a la cirrosis. Cuando una persona padece cirrosis por el virus de la hepatitis C es posible que desarrolle cáncer de hígado.
En nuestro país la principal forma de contagio es la transfusión de sangre o de productos derivados de la sangre (plasma, plaquetas, crioprecipitados, albúmina) recibidos antes de 1994, año en el que se empezaron a hacer pruebas a toda la sangre que se donaba, para rechazar la que estuviera contaminada con el virus. Actualmente, cobra importancia el contagio por perforaciones y/o tatuajes realizados sin las medidas preventivas necesarias.

 

¿Qué tan frecuente es la hepatitis C?

Se calcula que en el mundo hay aproximadamente 300 millones de personas afectadas. Como es una enfermedad crónica tiene un impacto socioeconómico muy importante.
En México se han hecho estudios para conocer la prevalencia de la enfermedad. Entre el 1.2 y 1.8% de la población está infectada por el virus de la hepatitis C, es decir, aproximadamente 1’500,000 personas y de éstas, el 50 por ciento desconocen que la presentan y no son diagnosticados hasta que sufren complicaciones. Cada año se suman poco más de 19 mil casos nuevos de esta enfermedad en nuestro país.

 

¿Cómo se adquiere?

Los factores de riesgo para que una persona adquiera la infección son:
 Transfusión de sangre o sus derivados (plasma, plaquetas, factores de coagulación) recibidos antes de 1994.
 Operaciones, parto complicado o aborto antes de 1994 si existe duda de haber recibido transfusión sanguínea.
 Uso de drogas inyectadas o intranasales, aunque sea una sola vez.
 Perforaciones en el cuerpo (piercings).
 Tatuajes.
 Punción accidental con agujas contaminadas.
 Padecer hemofilia, por la transmisión frecuente de sangre y sus derivados.
 Contacto sexual. La promiscuidad sexual eleva el riesgo de adquirir la infección.
 Transmisión de una madre infectada a su hijo cuando nace (riesgo de 2-7%).

 

¿Qué síntomas puedo tener?

La mayoría de las veces, al contraer la infección no ocurre ningún síntoma. Sólo el 25% de las personas que adquieren el virus de la hepatitis C tienen síntomas de infección aguda. Las molestias más comunes son: debilidad, falta de apetito, y color amarillo de la piel.
En pocos casos la hepatitis aguda es grave.
De acuerdo con varias investigaciones, del 60 al 85% de las personas que contraen el virus desarrollan infección persistente que causa hepatitis crónica. La hepatitis crónica suele ser asintomática o dar síntomas difusos como fatiga o dolor en el lado derecho del abdomen. La persona infectada puede tener la enfermedad sin saberlo durante 10 a 30 años mientras su hígado, permanentemente inflamado va sufriendo daños que no le permiten funcionar adecuadamente. Cuando la enfermedad avanza, se pueden presentar síntomas como:
 Fatiga.
 Orina obscura.
 Evacuaciones claras.
 Dolor abdominal.
 Pérdida de apetito.
 Náuseas o malestar estomacal.
 Coloración amarilla en la piel y/o parte blanca de los ojos (ictericia).
 Ronchas y comezón en la piel (prurito).
 Dolor o inflamación de las articulaciones.

 

¿Cómo puedo saber si la tengo?

Si tienes algún factor de riesgo para la infección por el virus de la hepatitis C debes consultar a un médico gastrohepatólogo.
Actualmente existen varias pruebas disponibles para diagnosticar la infección por el virus de la hepatitis C; la más común es un Enzimoinmunoanálisis (EIA) para detectar anticuerpos contra la hepatitis C.
Si se encuentra la infección (resultado positivo en las pruebas de sangre), su médico solicitará otros análisis de sangre para:
1.- Saber si el virus se está multiplicando y qué tan activa es esa multiplicación. A esto se le llama medir la carga viral, y consiste en el análisis del ARN para hepatitis C con el fin de medir los niveles del virus. Además se puede realizar una genotipificación para saber con que tipo del virus de la hepatitis C se está infectado, ya que de esto puede depender el tratamiento.
2.- Evaluar el funcionamiento del hígado y saber si está inflamado mediante la medición de una enzima llamada alanina-aminotransferasa o ALT.

 

¿Cómo se trata?

Existen normas internacionales para administrar tratamiento a las personas con infección por el virus de la hepatitis C. Si padeces la infección debes acudir con un médico especialista en hepatología o gastroenterología y él hará las evaluaciones necesarias para saber si requieres o no tratamiento.
No todas las personas a las que se diagnostica la infección por el virus de la hepatitis C deben recibir tratamiento. Este se da solamente cuando los estudios indican que el virus se encuentra activo, es decir, replicandose.
El tratamiento tradicional consiste en la combinación de algunos medicamentos que atacan al virus e incrementan la respuesta inmune de nuestro organismo para combatir al virus; se da por tiempo variable dependiendo del tipo de virus de la hepatitis C que esté causando la infección (hay varios tipos, y se clasifican de acuerdo con su genoma, se les llama también genotipos), y de la respuesta individual del paciente.
Los medicamentos pueden tener algunos efectos adversos: es decir, pueden causar síntomas y reacciones que son desagradables aunque pocas veces pueden hacer que se suspenda el tratamiento, sin embargo, su médico sabrá cómo calmar esas molestias.
Actualmente, existe una nueva generación de medicamentos antivirales directos altamente efectivos y con menores efectos secundarios, que ya se usan en otros países y que están entrando a México por lo que podrán utilizarse muy pronto. La barrera principal para el uso de estos nuevos tratamientos es el costo elevado.
Es importante que durante el tratamiento tenga una atención médica periódica. También es muy importante tomar los medicamentos con regularidad para que el tratamiento sea efectivo.
Con el tratamiento oportuno se puede revertir el daño al hígado cuando no es avanzado y, sobre todo, evitar el desarrollo de cirrosis y de cáncer de hígado.
La buena respuesta al tratamiento contra el virus de la hepatitis C depende de varios factores, algunos propios del virus y otros de la persona que está infectada.
Cuando se padece infección por el virus de la hepatitis C es importante no consumir alcohol y mantenerse en un peso adecuado, ya que, de acuerdo con los resultados de varias investigaciones, se sabe que el consumo de alcohol y el sobrepeso son factores de riesgo para que la enfermedad avance más rápidamente.

 

¿Qué puedo hacer para prevenirla?

No hay vacuna efectiva para prevenir la infección por el virus de la hepatitis C.
No compartas artículos de higiene personal como cepillo de dientes, cortaúñas, rastrillos
Si vas a usar agujas u otro artículo punzocortante asegúrate de que sea nuevo o esté debidamente esterilizado.
Especialmente si vas a realizarte un tatuaje o si te hacen manicure o pedicure.
Si tienes relaciones sexuales de riesgo usa condón.
Recuerda que alguien puede ser portador del virus de la hepatitis C sin saberlo.
La pareja sexual estable de una persona infectada por el virus de la hepatitis C tiene un riesgo bajo de contraer la infección (2-6%), el uso de condón puede disminuir el riesgo de contagio.
En la actualidad se hacen pruebas a las personas que quieren donar sangre para saber si son portadores del virus de la hepatitis C, en cuyo caso no se aceptan como donadores por lo que la transfusión de sangre y sus derivados ya no es un factor de riesgo importante en nuestro país
Una persona infectada no debe compartir objetos personales como rastrillos, cortaúñas y cepillos de dientes, porque pueden ser una fuente de infección.

 

La hepatitis C NO se transmite por besos, abrazos, sudor, tos, comidas, contacto casual, compartir vasos, cubiertos o platos o amamantar.

 

¿Qué hago si tengo hepatitis B o C crónica?

Si estás diagnosticado con hepatitis B o C crónica, es indispensable que consultes a un médico hepatólogo.
El médico especialista en hígado determinará el tipo de tratamiento que deberás llevar de acuerdo a tu caso en particular. Es muy importante que evites por completo el consumo de alcohol y que lleves una dieta adecuada, de preferencia calculada especialmente para ti por un/a nutriólogo/a con experiencia en pacientes con enfermedades del hígado. Si no sabes en donde encontrar al personal de salud adecuado no dudes en llamarnos, nosotros te podemos orientar.
También es importante que encuentres una manera de canalizar el estrés y que adoptes una actitud pro-activa hacia tu enfermedad. La práctica de actividades como el yoga y la meditación o la participación en grupos de pacientes y familiares pueden hacer una gran diferencia en el desarrollo de tu enfermedad.