Hepatitis autoinmune

¿Qué es la hepatitis autoinmune?

Es la inflamación del hígado ocasionada por una respuesta del propio sistema inmunológico o de defensa que, por alguna razón, desconoce a las células del hígado y las ataca.

 

¿Cómo se adquiere?

Al igual que otras enfermedades autoinmunes, las causas son desconocidas, aunque se considera que en general pueden tener un componente genético. Es más común que este tipo de hepatitis se presente en mujeres de entre 15 y 40 años y en aquellas personas que padecen alguna otra enfermedad autoinmune como diabetes autoinmune, tiroiditis o síndrome de Sjogren´s.

 

¿Cuáles son los síntomas?

Algunas personas que la tienen no tienen síntomas. En otros casos, se pueden presentar los síntomas clásicos de las enfermedades hepáticas:
 Fatiga.
 Náusea o inapetencia.
 Dolor o molestia en la parte superior derecha del abdomen.
 Comezón en la piel.
 Dolor en las articulaciones.
 Arañas vasculares (pequeños derrames).

 

¿Cómo se diagnostica?

El médico al revisar al paciente puede encontrar color amarillento en la parte blanca de los ojos y de la piel, así como el hígado más grande de lo normal.
Para distinguir esta enfermedad de otras del hígado es necesario hacer pruebas en sangre (contra el virus de la hepatitis A, B o C) para descartar que se trate de hepatitis virales; además se realizan pruebas para ver la presencia de anticuerpos llamados anticuerpos antinucleares y anti músculo liso que indican que se trata de problemas autoinmunes.
También, en ocasiones es necesario hacer una biopsia de hígado en la que se obtiene una pequeña muestra de células hepáticas con una aguja para verlas bajo el microscopio y confirmar el diagnóstico.

 

¿Cómo se trata?

La hepatitis autoinmune es una enfermedad crónica que en la gran mayoría de los pacientes se presenta con niveles fluctuantes de intensidad, con periodos de remisión y recaídas. Cuando la enfermedad se encuentra inactiva o es leve no es necesario dar medicamentos pero cuando está activa si es necesario tratarla porque de lo contrario puede progresar y llevar al desarrollo de cirrosis.
El tratamiento con medicamentos tiene como objetivo controlar la inflamación (antiinflamatorios) y en algunos casos moderar la acción del sistema inmune (inmunosupresores).