Trasplante hepático

Un trasplante hepático es una operación en la que se sustituye el hígado enfermo de una persona por un hígado o un fragmento de hígado de otra persona. El trasplante de hígado da la oportunidad de vivir a personas con enfermedades hepáticas graves para quienes resulta el único tratamiento efectivo.

 

Hay dos tipos de trasplante de hígado:

1. Trasplante de donante fallecido donde se extrae el hígado de una persona con muerte cerebral.
2. Trasplante de donante vivo en el que los médicos extirpan un pedazo de hígado de una persona viva.

 

Cuándo hay un hígado para donar, los centros de trasplantes buscan a un receptor entre las personas que se encuentran en la lista de espera del Centro Nacional de Trasplantes, tomando en cuenta el tamaño del órgano y el tipo sanguíneo de quienes esperan un hígado en donación.
Los órganos son difíciles de obtener y por lo tanto son insuficientes para todas las personas que los necesitan aunque afortunadamente, los trasplantólogos han desarrollado nuevas técnicas para proporcionar tejido hepático sano, al dividir un hígado de donador a la mitad para trasplantarlo a dos receptores o tomar parte del hígado de uno de los padres y trasplantarlo a su hijo. La donación en vida de tejido hepático es ahora también una opción para receptores adultos.
La evolución en cirugía hepática, la existencia de mejores inmunosupresores, los adelantos en el cuidado postoperatorio y la mejor selección del receptor han hecho que el trasplante hepático sea un procedimiento muy exitoso en la mayoría de los casos. Al año, el 80% de los hígados trasplantados están funcionando bien y después de 5 años el 70%. En FundHepa ayudamos con su tratamiento inmunosupresor a personas que llevan más de 15 años desde su trasplante y que se encuentran en excelentes condiciones.
El grado de éxito depende mucho de cada caso sin embargo es hasta de un 87% en adultos y un 93% en niños.

 

Enfermedades más comúnmente tratadas con trasplantes hepáticos

Las enfermedades que más comúnmente causan una necesidad de trasplante en adultos son: cirrosis por hepatitis viral crónica tanto B como C, cirrosis por alcohol, insuficiencia hepática aguda o inflamación y obstrucción de los conductos biliares que van al hígado como en la cirrosis biliar primaria y colangitis esclerosante. En niños, las causas más comunes son enfermedades congénitas como atresia de las vías biliares y otros defectos de los conductos biliares.

 

¿Quiénes son considerados para recibir un hígado trasplantado?

Todas las personas que sean diagnosticadas con alguna enfermedad crónica, avanzada e irreversible del hígado y a quienes su médico inscriba en la Lista Nacional de Pacientes en Espera de algún órgano o tejido, del Centro Nacional de Trasplantes.
En los pacientes con cáncer en el hígado sólo se considera si el tumor es hepático y está bien delimitado, sin embargo, cuando los tumores son metástasis de cánceres de otros órganos o el cáncer ya está muy avanzado, el trasplante no es curativo por lo que no se considera.

 

¿En qué estadío de la enfermedad hepática se considera realizar un trasplante?

El trasplante hepático se realiza cuando la enfermedad está muy avanzada o ya no responde al tratamiento médico, aunque debería de realizarse antes de que aparezcan complicaciones que pongan en peligro la vida. El trasplante de un órgano es una cirugía mayor para la cual se debe de estar en las mejores condiciones de salud posibles. Sabemos por ejemplo, que existe una relación directa entre el estado de nutrición y la probabilidad de supervivencia tras un trasplante hepático.

 

Riesgos de un trasplante hepático

Al ser una cirugía mayor pueden surgir muchas complicaciones durante la misma que pueden comprometer la vida del paciente, como son hemorragia, choque e infecciones. También existe el riesgo de que se rechace el órgano o que este no funcione bien y se requiera de otro trasplante.

 

¿Qué pasa después de la cirugía?

Depende del estado de salud de cada individuo que se trasplanta, pero por lo general la mayoría de los pacientes permanecen varios días en la unidad de cuidados intensivos y algunos días o semanas hospitalizados. Esto para poder tener una estrecha vigilancia de la función hepática y detectar cualquier indicio de rechazo del órgano. A partir del momento del trasplante, la persona tendrá que tomar medicamentos para evitar el rechazo del órgano por un tiempo indefinido, muchas veces de por vida, y de estos dependerá en gran parte el éxito del trasplante y la supervivencia del paciente.
La persona trasplantada por lo general se recupera en 3 a 6 meses y puede volver a realizar sus actividades cotidianas de manera normal, pero tendrá que tener visitas médicas periódicas para vigilar el funcionamiento del órgano y el estado general de salud.

 

Efectos adversos de los medicamentos para evitar el rechazo

Se utilizan diferentes tipos de medicamentos y cada uno tiene sus indicaciones y efectos adversos, pero todos ellos aumentan la susceptibilidad de la persona para adquirir infecciones al tener un efecto inmunosupresor necesario para evitar que el sistema inmune rechace al hígado trasplantado.
En específico, los fármacos similares a la cortisona ocasionan retención de líquidos, edema facial, y aumento del riesgo de tener diabetes y osteoporosis. La ciclosporina y el tacrolimus pueden elevar la presión arterial y causar daño renal, por lo que se tiene que vigilar la función de todos los órganos que pueden afectarse por el consumo crónico de estos medicamentos.